Mi padre tenìa los fines de semana reuniones de trabajo largas de trabajo en casa, tambièn venìan a visitarlos sus compadres y familiares y casi siempre acababan en fiestas de trago y baile. Mi hermano y yo nos ìbamos a dormir y ellos se amanecìan en interminables borracheras. Siempre tuve la imàgen que a mi familia le iba demasiado bien econòmicamente y que como yo no era el centro de ellos, sino que la mente de mis padres estaba enfocada en los negocios, viajes o fiestas. Si bien es cierto que se preocupaban por mi hermano y yo, habìa algo que me hacìa sentir como de segundo nivel.
Cuando tuve 10 años salì muy mal el primer semestre en el curso de matemàticas, mi padre no era de golpearme ni castigarme con violencia pero tomò la decisiòn de contratar a un profesor que 3 veces por semana me enseñe en las tardes para que pudiera salvar el curso y no reprobarlo. Era muy tìmido y no me gustaba que extraños vengan a casa, me sentìa como acorralado o que iban a ver cosas muy privadas mìas que no querìa que visitantes se enteren. Aùn asì, a la fuerza me hicieron asistir a estas clases privadas. Al principio me pareciò un tipo agradable, era un amigo de mi padre de muchos años atràs, ingeniero de sistemas, casado y con niños. Todo iba bien hasta que una tarde se empezò a acercarse màs a mi, a abrazarme sin razòn, a rozar sus manos con la mìa, a rozar su mano en mis mejillas. Me sentìa tan mal que me ponìa rojo de la verguenza pero a èl no le parecìa afectar en lo màs mìnimo. Me hacìa en tonto y el lo interpretaba como que me gustaba sentirlo y no parò con sus tocamientos hasta que una de tantas tardes casi me forzò a abrazalo y besarlo.
Él tendría unos 45 años y yo 10 años. Sus brazos fuertes y velludos me hacían sentir sensaciones que nunca habìa sentido. Era como cuando papà de niño me abrazaba pero por sus labores habìa dejaro de hacerlo hace mucho tiempo. Era como sentirse protegido y hasta me daba ganas de reírme cuando se mostraba afectuoso y amable. De las dos horas de clase de matemàtica que supuestamente debìa darme, una hora me enseñaba y la otra hora nos la pasábamos conversando, abrazándonos o besándonos. Êl parecía disfrutarlo sin remordimientos, siempre me pregunté ¿què llevaría a un señor casado con esposa e hijos a arriesgar tanto su prestigio y trayectoria por besarse con un niño de 10 años ?. Solo cabe la respuesta que una persona muy enferma por dentro puede hacer estas cosas.
No tuvimos relaciones sexuales porque felizmente el ambiente en casa no se lo permitiò. Siempre habìa alguien en casa, estaba la empleada domèstica que controlaba exacta la hora de entrada y salida del maestro pues mi padre le habìa dado esta tarea. En varias ocasiones recuerdo que èl me incitaba para tener sexo conmigo pero no lo dejaba, hacìa que se pase la hora porque sabìa que le empleada vendrìa a nuestra habitaciòn para avisar que ya debìa irse el profesor pues sus horas de clase habìan acabado. (Continùa parte 2)
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