En la escuela estatal que asistía había muchos alumnos en el salón de clases, muchos de años repitentes de año, razón por la cual asistían muchachos de 14 ó 15 años estudiando con niños de 11 y 13 años. En una ocasión vi que en una banca para 3 alumnos al fondo de la clase, los dos muchachos del extremo tenian 15 años y el muchacho del medio unos 13 años. Los mayores le estaban mostrando su pene y masturbánose a la vez, como incitándolo al menor a caer en su plan homosexual, por verguenza me hice el que no vi la escena y me retiré hacia otro lugar para no verlos.
No pude con la curiosidad y con a amigo mio hice el comentario de lo que vi, él me dijo que no me acerque a esos jovenes porque son abusivos y maricones. Pero la verdad es que desde que mi primo abusaba de mi, mi cuerpo era más fácil de excitar y me empezaron a gustar los varones cosa que antes no había sucedido. La escena que vi en el aula no la podía sacar de mi mente, me consumía el deseo de sexo y también mi conciencia me frenaba porque sabía que esto no era normal, decidí acercarme sólo un poco a estos muchachos mayores.
Un de ellos me preguntó ¿cuántos años tienes?, yo le contesté 11 años y me respondió, no sirves para esto vete a tu aula porque no soportarías, sólo acá vienen desde 13 años. Pero yo fui persistente y no me iba, aparentaba ser el mirón leal que no los acusaba cuando se encontraban en el baño de tres en tres para tener sexo en las horas de recreo y se aseguraban que uno de ellos vigile la puerta de los servicios higiénicos para que nadie entre.
También recuerdo que como cuatro los compañeros de 13 años que fácilmente a diario salían del aula con la excusa de que tenían ganas de ir al baño, no regresaban por más de media hora y los profesores sabían que demoraban mucho pero asumían que no les interesaba la clase y nunca los iban a buscar para traerlos de regreso. Estos muchachitos eran muy sumisos e imagino que también no podían poner resistencia a la excitación de sus cuerpos, la presión homosexual que los mayores ejercían era fuerte, los tocaban, les mostraban su pene, los acariciaban y todo esto con la complicidad de otros compañeros que nunca los denunciaban cosa que debieron hacer para protegernos.
Por otra parte, en mi casa continuaba teniendo relaciones sexuales con mi primo, se volvió una costumbre tanto así que me acostumbré al dolor al tener sexo, se hizo rutinario que semanal o quincenalmente mi primo me llame a su cuarto, algunas veces me negaba a ir, pero él sabía que me gustaba estar con él y siempre ganaba por sobre mi verdadera voluntad. Quería algo más que sexo pero no sabía cómo hablarlo, cómo decir que queria amor, cómo pedírselo, solo callaba en mi corazón vacío, sólo quería vivir el rato a ver qué pasaba. (Continúa parte 3)
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