El verlo a Luís en promiscuidad al un principio me impresionó mucho pero con el tiempo me acostumbraría a las excusas que esgrimía, siempre defendía sus actitudes irrespetuosas con simples razones: “hay que ser moderno en la vida, no seas cucufato”, “juventud es una sola y hay que vivirla”, “el cuerpo me pide esto…” , etc.
Vi que para él era muy fácil hacerle la conversación a otros chicos dentro de una fiesta o discoteca y esa misma noche tener sexo con ellos. Al poco tiempo llegamos a ser íntimos y su modo de vivir la sexualidad fue influyendo mucho en mi tal grado que imitándolo tuve relaciones sexuales con un amigos ocasionales en muchos lugares e incluso en mi casa, escondiéndome de la vigilancia de mi madre. Nunca podría haber vivido así sino hubiera sido con el apoyo y complicidad de amigo gay que eran feliz cuando aprendía e imitaba su vida inmoral.
Nuestra libertad de jóvenes era extrema y para un adolescente homosexual y agradable físicamente, todas las puertas del ambiente homosexual, como las discotecas y bares, se abren de par en par. Cuando quería seducir a cualquier joven o adulto de cualquier edad lo hacía y quería salirme con mi gusto, saber que tenía el poder de decidir con quién salir y dónde hacerlo. Nunca pagué ni un trago, siempre mis eventuales acompañantes tenían que pagar si querían darse el gusto de estar conmigo. De esta manera medía cómo me deseaban y me satisfacía cuando un adulto pagaba mis gustos, mi deseo era medir mi valor para él, ¿cuánto valgo para él?, lo que esté dispuesto a gastar por mi, éso valía. Ya no sería el que pase inadvertido, si en mi casa, para mi padre no era importante y su indiferencia era la única forma en que se comunicaba conmigo, acá la comunicación sería a través de la piel y sentiría que soy muy amado, muy valorado por mi edad y belleza.
Tenía ganas de romper con la monotonía y el aburrimiento de vivir en un hogar donde todo era igual en años, en un barrio donde nadie sabía quién era el verdadero David y ni mi padre se acercaba como un verdadero padre hacia mi, sentía que nadie podía darme lo que me calmaba.
Para el año 2007 prometí que sólo iba a tener relaciones sexuales con mi pareja, la voluntad me duró pocas semanas, no puedo solo con mis ganas de cambiar, no puedo con mi cuerpo ni con mi mente. Ya no salgo con Luis, pero sus costumbres quedaron en mi.
Reflexión: David desde niño tuvo un vacío en su corazón porque no tuvo padre en casa, a pesar de que vivía junto a él. Su padre no asumía su rol verdadero sino que se escondía de su papel. De adolescente, el vació de David sale a manifestarse con agresión contra él mismo. La promiscuidad y el no cuidar su cuerpo ni mente son consecuencias de no sentirse amado ni protegido, La persona que no se sintió cuidada de niño no se cuida de joven. Sanidad emocional y restauración sexual necesitas si tu vida se parece en algo a esta historia real.
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