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Historia de David: La Familia aparentemente feliz que me dejó un gran vacío (parte 1)

Vivió en una familia donde aparentemente no faltaba ninguna comodidad pero la frialdad y falta de afecto eran enormes para todo niño.

Historias de la Vida Real

No se ha cambiado los lugares ni nombres de participantes de la historia. La foto no corresponde al protagonista.

A mis 15 años llevaba una vida como cualquier otro chico de mi edad, iba a la escuela siendo un estudiante promedio, los fines de semana salía a jugar fulbito con mis amigos de barrio en el distrito de San Miguel en Lima. Formaba parte de una familia “bien constituida” donde siempre tuve a mi padre y mi madre a mi lado, y con mi hermana mayor nos unían fuertes lazos de afecto.

Tengo un padre que nunca se separó de mi ni de mi familia, pero me abandonó desde que nací. Siempre fue callado en la casa, introvertido, poco influyente en mi, mi hermana y mi madre. La que tomaba todas las decisiones en casa era mi madre. Mi padre era fundamentalmente proveedor, no nos faltaba nada en casa, iba a una buena escuela, buena ropa, buena comida siempre y una casa en un distrito de nivel medio en Lima. Siempre me extrañó el comportamiento de mi padre que regresaba silencioso de trabajar, nos saludaba, veía algo de televisión, una que otra corta charla, comía y dormía.

Nunca se acercó a mi con un abrazo, tampoco se acercó a mi con un golpe, que yo recuerde nunca me castigó de ninguna manera. No era una persona que sufriera de alguna enfermedad, pero sí de poco y corto conversar con su familia, nulo en expresar sus alegrías o tristezas. De pequeño me preguntaba por qué algunos padres a sus hijos los llevan de la mano en la calle o los cargaban en sus hombros, o los llevan a Estadio Nacional para ver un partido de fútbol, pero el mío nunca. ¿Qué le pasará a papá? Mi madre decía que mi padre siempre ha sido una persona que respeta los espacios de los otros, nos ama y que lo acepte así. Lo termine por aceptar tal como es, con su mirada de lejano y frialdad de extraño, para no deprimirme era mejor no hacerme más preguntas acerca de él.

Recuerdo que a esta edad tuve mi primer encuentro homosexual. Desde hace un par de años antes, una ligera atracción hacia algunos chicos aparecía en mi mente y este pensamiento lo mantenía en la escuela, en mi casa y en todo lugar que frecuentaba. Era como una fijación de mi mente por algunos chicos y la cual no podía controlar, me entristecía mucho tener esos pensamientos y sentimientos hacia otros varones. Me deprimía mucho no entender por qué dentro mío albergaba esos deseos y atracción, no podía esto consultarle a nadie. No había dejado sospecha a nadie de esta tendencia, por el contrario tenía una linda chica que me amaba y amigas que me buscaban siempre porque según ellas era atractivo. Entré a curiosear al Chat, no era mi intención encontrarme con gente homosexual pero pensaba que era bueno conversar con ellos. Sacarme esta presión dentro mío y volcarla a expresarla con otros chicos.

Apareció una sensación de excitación que como una electricidad recorría mi cuerpo, y quise conocer a personas por Internet y tener largas conversaciones con algunos. Aquella pequeña curiosidad se hizo más fuerte y decidí escoger a alguno que me inspirara confianza para encontrarnos en la avenida La Marina cerca de donde vivía.

Me cité con un joven de 28 años, con auto que vendría a recogerme en el distrito de San Miguel y me llevaría “a pasear” a la playa de noche. Esto era lo que quería, no quedarme en la calle a conversar en un lugar donde podría pasar alguien conocido y verme conversando con un extraño.

(Continúa parte 2)

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