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Historia de Carlos: La presión económica me hizo salir de casa y verme con un gay (parte 1)

Desde que tuve uso de razón y memoria me gustaron los muchachos, recuerdo que algunas niñas me mostraban un álbum de artistas con sus fotografías y tenía mis jovencitos favoritos que me atraían mucho. Tenía 6 años de edad pero mis gustos por los muchachos me lo guardaba para mi, no porque sentía que era sucio o malo sino porque era muy tímido en expresarme.

Historias de la Vida Real

No de ha cambiado los lugares ni nombres de participantes de la historia. La foto no corresponde al protagonista.

Mi padre había muerto cuando yo tenía dos años y mi madre se hizo cargo de mi a duras penas, recuerdo que frecuentemente la veía llorar mucho cuando me mandaba a la escuela, me decía que pensaba que me iba a ir para no regresar jamás como mi padre. Era muy depresiva o de vida triste por lo que mis tías venían a hacerle compañía los fines de semana pues aveces no se levantaba de la cama por sus depresiones, era como que ella no quería vivir, me demostraba el amor junto con la tristeza y melancolía.

Siempre tuve la amenaza de la crisis económica sobre mi familia, faltaba dinero para mis útiles escolares, para una buena comida, para buena ropa. A partir de los 15 años fui consiente que yo también empezé a mostrarme como un depresivo, no tenía ganas de vivir ni de lograr algo en la vida, mis calificaciones escolares eran malas, todo me parecía tan malo, tan miserable la vida. Caminando por las calles del Rimac vi un aviso donde se pedía un muchacho que ayude en la cocina de un restaurant y de inmediato empecé a trabajar, aprendía y me gustaba sentirme útil y que tenía mis habilidades en la cocina. Cumplía mis horarios y aunque entré como practicante fui aprendiendo poco a poco del cocinero y de otros jovenes que trabajaban allí.

Mi atracción por los jóvenes no había desaparecido con el tiempo, sólo había logrado como no pensar mucho en ello y darle importancia para no generar preocupación en mi. No quería deprimirme pensando por qué tenía estos gustos que los otros chicos de mi edad no tienen, por qué tengo que avergonzarme de esto que siento cuando otros son más seguros en sus vidas, en lugar de pensar en eso me dedicaba a trabajar y llevarme mejor con mi madre.

Una tarde de verano el cocinero se bañó y salío semi desnudo a cambiarse al cuarto de los trabajadores, lo vi y me sorprendí mucho, era el primer hombre que veía en esas condiciones, èl también notó mi sorpresa y dió una carcajada, me dijo: ¿Quieres estar conmigo ?, a lo que me di media vuelta y huí, estaba con mucho miedo. Tal vez haya notado que soy homosexual, por qué se me notó si no hice nada malo, ¿se lo contaría a otros?, ¿en el trabajo me diría algo?. Las semanas siguientes fueron tranquilas pero luego volviò a acosarme, esta vez me cogió de la mano y me dijo que sabía que era homosexual, yo con 15 años no estaba aún seguro si lo era en verdad , pero él me calificó de tal y pensé seriamente en aceptarme y dejarme llevar , no luchar por no ser gay.

Luego con el tiempo me daría cuenta que no era que se me notara que era homosexual, sino que muchos adolescentes entre los 13 y 18 años son acosados por abusadores sexuales, en el autobùs, en la escuela, en el barrio, en las cabinas de Internet, en el club de fùtbol, en la casa y hasta en la iglesia. Estas personas aprovechan de las indecisiones propias del adolescente para involucrarlos y sumergirlos lentamente en los placeres gay. Lamentablemente por mi condiciòn de hijo sin padre y con una madre casi siempre histèrica por el dinero estaba sin una base sòlida de dònde agarrarme para no caer en las garras de estos abusadores sexuales.

A mi madre siempre le parecìa poco el dinero con que aportaba en casa, no era feliz con nada, mejor dicho, la paz y felicidad le duraban poco, el tiempo que duraba el dinero en las manos. Cuando tocaba la puerta el cobrador o cuando tenìamos que pedir comida o algo de ropa al crèdito gritaba y me decìa que era un inùtil que si era hombre de verdad debìa trabajar màs duro. Esas palabras me dolìan mucho, era como que ella tambièn ponìa en duda mi virilidad, como que ella tambièn sospechaba que era homosexual, nada bueno hacìa, incluso en mi sexualidad era un ser despreciable. Entonces decidì una tarde ya no regresar a casa y buscar vivir en algùn otro trabajo que me dieran, si iba a ser gay mi madre no tenía que verme jamàs. (Continúa parte 2)