Él lo había planeado todo, eran sus planes tener sexo con su hermanito menor, de ese indefenso e inocente. Para mi fue traumático vernos desnudos y ordenándome que haga lo que veía en la película. Ya no era mi hermano en ese momento, era mi verdugo. A partir de este hecho mi vida no podrìa ser la misma, una parte de mi corazón había muerto. Sus palabras fueron tajantes: no debía decírselo a alguien, nuestro padre siempre le iría a creer todo a su hijo mayor. Me repetía : Si no quieres que nuestra familia se divida y nos vayamos a vivir solos, quédate callado siempre .
Desde esa vez empecé a ser un niño que lloraba sin razón aparente, mis hermanos mayores me decían que era muy llorón y que lo hacía por ser engreído y caprichoso. Ellos, ni mis padres, sabían que un hijo tiene razones para llorar, y que, no ser comprendido, ni entendido frustra mucho. El niño que llora mucho siente que con sus lágrimas se ahoga y no respira bien, recuerdo que temía morir durmiendo ahogado por tanto llanto en las madrugadas. Muchos niños en el mundo se deprimen y sienten a temprana edad lo que es la soledad interna. En mi caso, estos sentimientos los comunicaba a través del llanto, aislamiento y timidez. Paralelamente a esto, empecé a tener asma, ese ahogo y sensación de morirse ahora empezaba a ser más real en mi cuerpo con esta enfermedad de la que muchos dicen que tiene origen emocional, en el dolor de no ser amado y rechazado.
Estaba condenado a ser el lugar donde todos guardaban como despensero sus desechos y cosas desagradables. Mi hermano descargó en mi su sexualidad reprimida y enferma, mi madre los gritos que no podía darlos a mi padre, mi papá, su aspereza, y mi hermana su burla. Era un abuso total contra aquel que no puede elevar con fuerza su voz para hacerse respetar.
Pasaron los años, sobrellevando entre un poco de olvido y un poco de rabia guardada, hasta que tuve 17 años. Estaba indeciso en qué carrera escoger, así que mi hermana me inscribió en una academia universitaria y en el camino escogería algo que me guste. A los pocos meses empecé a faltar a la academia porque aceptaba las invitaciones de mis amigos para ir a jugar billar, éramos un grupo de seis amigos que no íbamos los viernes a clases y en su lugar hacíamos apuestas entre nosotros buscando al campeón semanal de billar. Un día de esos entré al baño del salón de billar y vi. a un compañero de estudios fumando marihuana, me invitó y por no parecer un cucufato o menos hombre acepté. Nunca tuve una sólida personalidad, si mis amigos me decían prueba esto o hagamos eso, por agradarlos y ser aceptado en el grupo decía sí a todo. Cuando fumé la marihuana me sentí muy mal pues no fumaba ni si quiera cigarrillos y de pronto ya estaba con la hierba en mi boca. Esa tarde las náuseas me hicieron correr a casa a que mi madre me prepare algo para calmar ese malestar.
Las invitaciones para ir al billar, al cine, a las discotecas eran más frecuentes. Una tarde saliendo de la academia fuimos al distrito de Comas donde iban a haber chicas fáciles en una casa donde probaríamos trago y jugaríamos a la botella borracha, éramos diez que queríamos divertirnos con ellas. (Continùa parte 3 )
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